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Entre dos Fuegos.

 

El hielo, a veces, también quema...

El frío del hielo causa heridas más notorias que el calor del fuego más abrasador. El frío de la indiferencia del alejamiento y del enojo.

Sin embargo el invierno estaba terminando en Japón, pero para el Fénix el hielo no se había derretido aún, en uno de los lados de su corazón. Ikki no aceptó hablar con Shun, no importaba quiénes o qué le dijeran de lo contrario, no quería escuchar razones, saber por qué su hermano había actuado de esa manera tan –ridículamente- envalentonada, por la fuerza de su recién descubierto amor.

Regido por una ley de hielo e indiferencia... evitaba todo contacto con aquel que fuera quien más amaba.

Hacia ya varias semanas que no lo veía, siquiera... y aunque esos días los pasaba casi en absoluto con Hyoga, sentía la falta de su Niisan, y además de la necesidad de saber que lo perdonaba. No quería estar peleado con su hermano, pero rescindir el amor que sentía por Hyoga era un precio que no estaba dispuesto a pagar.

Por otra parte, Seiya y Shiryu apenas les hablaban, no por que tuvieran algún problema respecto a su relacionamiento, sino porque era poco ahora el tiempo que compartían con ellos. Sahori se habia visto alegre, a pesar de todo, y aseguró que no escatimarían los momentos felices en su reestrenada casa.

Y era que el Cisne habia puesto en alquiler su pequeño departamento en el centro de Tokio, lo cual ayudaría a su reducida economía con algo de dinero extra, para la –ahora- mutua casa de Shun. Se decidieron a hacer las instalaciones rápidamente, antes incluso de cumplir la primera semana de noviazgo, comprando una cama matrimonial con la venta de los muebles de Hyoga. Ya que la cama de Shun resultó ser algo incómoda para las noche venideras, donde a duras penas sí entraban los dos.

Además, el acelerar las cosas le dio a Hyoga la posibilidad de acompañar a Shun el mayor tiempo posible, toda la compañía que pudiera brindarle era buena, para que su tristeza amainara... por lo menos un par de horas a la noche.

Hyoga habia conseguido, hacia meses, un trabajo en una tienda de audio, detrás de un mostrador; sedentario y aburrido, pero un trabajo al fin. Despertaba a la mañana con el olor a café caliente, y luego de un beso glorioso, y volvía por la noche, luego de un pesado regreso en auto, encontrando a Shun en la casa... y ya cocinando la cena.

Andrómeda, sin embargo, se quedaba a estudiar en la casa, corrigiendo ensayos o papeles que Hyoga nunca terminaba de discernir qué eran exactamente. Utilizaba el ordenador las mayoría de las veces y el tiempo restante lo utilizaba para encargarse de la casa.

Podría decirse que su relación iba bien, si no fuera por el notable brillo de tristeza en los ojos esmeralda, en la mirada cabizbaja que lo llevaba a quedarse observando el suelo árido, frente a la primavera venidera.

Fué una manera muy particular de escuchar su nombre... una rara entonación del japonés, que susurrado a su oído lo trajo de vuelta a la realidad.

-Shun... – Era la voz de Hyoga.

-¡Hola, amor!- Saludó con efusiva alegría, besando quedo los labios del recién llegado.

-¿Estás bien, Itoshi?.-

Los labios finos se torcieron en una mueca risueña, cuando Hyoga pronunciaron algunas palabras, tratando de que sonasen exclusivamente en una entonación japonesa, pero que se notaba el acento ruso... al igual que cuando pronunciaba su nombre, suavemente en su oído.

-Sí, ¿por qué no habría de estarlo?.-

Volvió la mirada hacia el ventanal de la sala, escondiendo sus ojos de los celestes de su amante. Hyoga se encogió de hombros, no quería hablar de ello, porque no tenia palabras para aliviar su tristeza, sólo podía ofrecerle una compañía y su amor, hasta que las cosas pudieran mejorar... Porque él no ocuparía el lugar del Fénix por mas amor que pudiera brindarle. Y eso lo entendía a la perfección; él jamás descartaría el recuerdo de su madre.

-Alístate, Hyoga... pronto estará la comida.-

Hyoga refregó sus manos, dirigiéndose al cuarto de baño. Las cenas para dos eran la especialidad de su joven compañero. Y esa noche habia preparado una receta exquisita, casi afrodisíaca...

Shun esperaba de esa manera recompensar por su poco ánimo en un momento en el que su relación aun no se habia cimentado del todo.

Pero su amor no sólo era eso, sino que también era su compañero y amigo, trillado sí, pero cierto. Era sabido que no importaba su ánimo en los últimos días, ello jamás repercutiría en su vida íntima, el Cisne entendía por lo que estaba pasando y el sexo no era algo que lo pudiera aliviar en algo tan difícil.

Hyoga podía esperar que la herida en Shun cerrara... no importaba el tiempo... ¡Sólo esperaría!.

-Shun, esto está riquísimo.-

-Gracias, es la primera vez que intento esta receta.-

Shun sonrió con verdadero gusto, se sentía satisfecho y alegre... ¿o seria todo el mérito de los ingredientes que usó para la comida?.

Comenzó a levantar la mesa para lavar todo lo que estaba aún sucio en la cocina, sólo que el intento de llegar al fregadero se vió frustrado por una mano que le impidió con seguridad pero sin brusquedad, que se detuviera.

Fué Hyoga el que lo habia detenido antes de que se llevara su plato de la mesa, sosteniéndolo del brazo para luego rodear su cintura, lo habia acercado a su cuerpo con la idea de sentarlo sobre sus piernas.

-¿Pero qué crees que estás haciendo...?- Shun reprendió suavemente, con un tono dulce y una sonrisa mansa.

-No lo sé... no fui yo el que preparó una cena afrodisíaca... ahora tendrás que afrontar las consecuencias.-

El Cisne apretó los dientes antes de besar el cuello blanco y deliberadamente expuesto por Andrómeda, desprendiendo su camisa al mismo tiempo.

Shun comenzó a reír ante el desespero del rubio, pero disfrutaba de la excitante rudeza que su compañero le demostraba. Corrió los platos hacia tras con sus manos, alejándolos de su cuerpo sobre la mesa, para que Hyoga pudiera subirlo sobre la superficie de madera.

-Lo planeaste todo... ¿No, Itoshi?.- El rubio le dedicó una sonrisa pícara, junto a la pregunta susurrada cerca de su oído.

-No... la verdad es que pensé que, por lo menos, aguantarías hasta que llegáramos a la cama.-

-¡Muy gracioso!.-

Las manos blancas rodearon el rostro moreno, para compartir un beso voráz, preámbulo de la pasión que vendría, cuando Hyoga lo tumbara de espaldas en la dura superficie.

-Yo si puedo ‘aguantar hasta que lleguemos a la habitación, pero eres el que está obligándome a que lo hagamos aquí!.-

Shun esbozó una sonrisa entre un gemido ahogado.

-Donde sea... ¡Pero hazlo, Hyoga!.- Gemía aún más al sentir la manos del Cisne, en la tarea de desvestirlo hábilmente sobre la mesa, mientras no dejaba de besar y lamer su pecho y vientre. Quitó pantalón y ropa interior al mismo tiempo, preparado ya para introducirse en Shun, apenas este abriera las piernas, para dejarlo ubicarse entre ellas.

-Pon tus piernas en mis hombros...-

Fué un gemido entre ronco y ahogado, pero en realidad quería ser un pedido. Al que Shun obedeció con gusto y placer desmedido. Levantó sus piernas, justo al borde de la mesa, esperando que su novio se introdujera en su ser.

Fue suave, como siempre que iniciaban el acto; un suspiro escapó de los labios entreabiertos de Andrómeda. Sin embargo, ni bien terminó de adentrarse en el cuerpo pequeño, Hyoga se dió cuenta de que tenia que forzar mucho su propio torso para poder moverse con libertad.

-¡Maldición!... la mesa está muy alta, Shun.- Se quejó con impotencia, pero sin ganas de salir del interior de su amante.

-Déjame bajar las piernas...-

-¡No, tú no te atrevas a moverte!.-

Con perfecta maestría maniobró con el cuerpo de Shun sobre su regazo, buscando la silla que aún estaba a sus espaldas para asentarse allí. Con brazo firme, sostuvo su cintura, apoyando el peso restante sobre el canto de la mesa.

-¡Hyoga, estás loco!... ¡Esto duele!.- El quejido agudo de Shun, resonó en todo el comedor.

Shun no tuvo reservas al quejarse en voz alta, ya era bastante tarde, pero no habia casas demasiado cercanas a la suya, no habia problema con que, de vez en cuando, hicieran un poco de escándalo.

-Por favor... Hasa-chan!.-

-Por favor tú, Hyoga... ¡Sé razonable, amor!.-

La elaborada posición con la que Hyoga quería experimentar, era realmente incomoda, y Shun trataba de hacérselo entender a su novio, que no llegarían a hacer nada de esa manera, por lo menos no, sin que en todo caso él saliera lastimado. O sin un disfrute completo del acto.

-Esta bien...- Hyoga aceptó la súplica del joven enfurruñado en su regazo.

Dejó que Shun bajara sus piernas, quien las estiró hasta hacer pie a horcajadas sobre su vientre, irguiendo su espalda y relajando los músculos que hasta ese momento lo sostuvieron con esfuerzo.

El Cisne parecía frustrado, no habia conseguido pensar en una manera efectiva de llevar a Shun al éxtasis. Pero Andrómeda no pensaba igual que él; sentía el calor del momento, rozando entre sus nalgas la erección del rubio, que acariciaba su parte más íntima.

-Tranquilo, Itoshi...- Las manos blancas envolvieron el rostro cabizbajo, elevándolo para sonreírle bellamente. -¡Así, será bueno igual!.- Confirmó, antes de comenzar a moverse sobre el miembro.

Aún dolía de vez en cuando, al principio.

Shun subía y bajaba sobre la erección de Hyoga, mientras él lo forzaba suavemente a bajar cada vez más en cada embestida, empujando sus caderas al tomarlo por la cintura. Sus palmas presionaban los muslos blancos con firmeza, acariciando su trasero en cada rebote.

Gemía extasiado, preso de una cabalgata que él habia comenzado, y que no sabía cómo era que aún seguía con el ritmo. Sus piernas ya estaban cansadas, tensó hasta el ultimo músculo que las conformaban. Jadeó por última vez, asaltado por un orgasmo demasiado repentino como para hacer algo. Hyoga aún estaba en su interior cuando se derrumbo sobre el pecho ancho, presa de un sin fin de sensaciones que lo sacudían.

El Cisne sintió la humedad sobre su abdomen como un disparador para su propio placer, sabiendo que el cuerpo de Shun comenzaría a contraer sus músculos, debido a la eyaculación. Aceleró el ritmo, confiando en que Shun soportaría algo más de presión, hasta que él pudiera llegar al su propio orgasmo.

Pronto sintió, Andrómeda, el goce del rubio escurrir lentamente entre sus piernas cansadas y entumecidas. Los brazos del Cisne caían con desgano a cada lado de su cuerpo, junto a las piernas blancas de su amante; su pecho ancho se movía con dificultad al respirar, agitado pero pleno... sosteniendo sobre uno de sus músculos abdominales, el peso de la cabeza de Andrómeda.

Normalizó su respiración, esperando que el temblor de su cuerpo se detuviera. No era la primera vez que Shun conseguía ese resultado en su cuerpo, llevándolo a agotar todas sus fuerzas de una sola vez; sus arrebatos eran pocos a la hora de amar, en comparación con las veces que lo habían hecho ya, generalmente porque su innata timidez lo mantenía alejado de cualquier idea innovadora que cruzara su mente... pero, sin embargo, a veces se le ocurrían cosas, donde el resultado de aquellos ‘descaros’ daban por seguro... un final muy excitante.

-¿Shun...?.- Llamó despacio, teniendo cuidado de no moverse.

Su pequeño amante habia encontrado nido en su pecho cálido, rehén del agotamiento.

Acomodó el cabello suave detrás de la oreja antes de tomarlo en brazos, para llevarlo a su cuarto. El cuerpo lánguido de Andrómeda terminó tendido en el lecho, con Hyoga a su lado; los ojos abiertos del Cisne acompañaban, en el brillo, una sonrisa de satisfacción. Esperaría un poco, mientras Shun descansaba, ahí tendido boca arriba con el calor del cuerpo delgado a su lado, esperaría a que despertara... un poco más, quizás intentar algo más osado.

Era pasión pura y en todo su esplendor, Hyoga era fuego y brasa al rojo vivo cuando Shun estaba frente a él. Shun, en cambio, era más un libro en blanco, sus páginas se escribían y llenaban del conocimiento que Hyoga le brindaba, tanto en el amor como en cualquier aspecto de su vida juntos. Era un libro abierto y dispuesto a llenarse.

La noche eran suyas, noche con besos y caricias... y amor, pero las mañanas... eran del despertador.

Demasiada agitación para las pocas horas de descanso que les brindaba la noche, habían llegado a un acuerdo de tratar de no sobrepasarse en los días que Hyoga trabajaba, puesto que a él le tocaba salir más temprano por el largo camino en auto, pero no podían evitarlo, una vez que empezaban ya no podían parar. Además, estaban acostumbrados a las exigencias, por una cuestión u otra, de la vida, antes sus energías iban apuntadas pura y totalmente a la batalla, ahora qué más les daba si despertaban con algo de sueño luego de una sesión de buen sexo... era algo para añorar todos los días repetir.

Sin embargo no fué el reloj lo que lo levantó a la mañana siguiente, escuchó entre sueños el timbre lejano del teléfono, y despertó poco antes de que la contestadora tomara la llamada.

«¡Shun, por favor, atiende el teléfono!»

Era la voz de Sahori... ¡Y se oía preocupada!.

-¿Hola?... Sí, entiendo...- Suspiró, escuchando la voz femenina del otro lado de la línea. –¡Voy para allá! .- Colgó, no habia mucho más para decir.

Con rapidez buscó sus llaves y billetera, vistiéndose cuidando de no despertar a Hyoga. Por lo menos que uno de los dos descansara ese fin de semana, sin embargo no se fué sin antes avisar dónde habia ido. Escribió una pequeña esquela que dejó cerca de la cafetera llena: “Fuí a lo de Sahori. No te preocupes... luego te llamo”.

Salió con la llaves del auto de Hyoga en las manos, quería llegar lo más rápido a la mansión, y el único móvil que tenia para moverse con apuro era ese.

Estaba preocupado, tenia miedo de las muchas cosas que podían ocurrir tan sólo en lo que tardaba en arribar al predio de la mansión Kido, pero rezó a los Dioses para que nada de lo que surcaba su mente en ese momento se hiciera realidad.

-Hiciste bien...- Shun habló, sin siquiera saludar, cuando la Señorita Sahori le salió al paso. -... ¿Aún está aquí?.- Preguntó con seguridad, mientras atravesaba apresurado el hall de entrada, cruzándose con Shiryu y Seiya en el camino.

Sahori asintió, sin saber qué más decir... pero debía hablar!

-Está aún en su habitación... pero ya no se escuchan ruidos...- la voz de la Diosa temblaba, y sus ojos tenían la clara impresión de quien quería llorar y trataba por todos los medios de no hacerlo. Se sentía triste y preocupada.

-No te preocupes... todo estará bien.- Shun trato de sonreírle para tratar de calmarla, pero se notaba claramente inquieto bajo su aparente tranquilidad.

Subió las escaleras decididamente, dirigiéndose al ala donde los Santos de Bronce tenían sus habitaciones armadas, exclusivamente para ellos. Sólo que sus pasos fueron perdiendo firmeza una vez entrando al corredor principal; divisó la puerta a tres metros de distancia, ningún sonido atravesaba la superficie de madera, nada se oía... las piernas empezaron a temblarle imperceptiblemente, y tuvo que obligarse a tragar saliva para volver a tomar coraje para andar.

Se detuvo frente a la puerta laqueada, respirando hondo antes de golpear suavemente, no estaba seguro de qué hacer y eso fue lo primero que le vino a la mente... esperó por una respuesta que nunca llegó, intentó otra estéril vez, en esta ocasión con algo más de fuerza. Ya sentía como su corazón se hundía en lo más profundo de su pecho, no podía pensar en otra cosa que no fueran las palabras de Sahori, cuando esta lo llamó por teléfono.

¡Porque la Diosa tenia motivos para estar preocupada! Ikki llevaba la última semana encerrado herméticamente en su cuarto, sin salir ni siquiera para comer, y no dejaba que le llevaran comida hasta la habitación. Sólo que, el día anterior lo habían visto... o por lo menos, habían visto a esa sombra que parecía ser Ikki. Fueron unos minutos, en los que se oyó su puerta abrirse y luego de un tiempo volver a cerrarse, ninguno dentro de la casa sabía bien el motivo que lo habia hecho salir por fín de su encierro, antes de volver a confinarse, pero a la tarde comenzaron a escuchar fuertes ruidos que provenían de su mismo cuarto. Infructuosos fueron los esfuerzos de Sahori y sus amigos al tratar de calmarlo desde el otro lado de la puerta, y tangible la amenaza del Fénix de herirlos si se atrevían a cruzarla.

No habia forma física de que se enterara lo que pasaba dentro de la habitación desde esa posición; debía entrar para averiguar si su Niisan estaba bien. Empujó la puerta con seguridad, forzando la cerradura hasta romperla.

-¿Niisan...?.- Atravesó el umbral con cuidado, la habitación estaba en completa oscuridad, tan sólo iluminada por la luz que venia del corredor, hasta que Shun cerró la puerta detrás de sí, y todo volvió a ser una absoluta negrura.

Se estaba arriesgando al entrar así a la habitación, lo sabía muy bien, su hermano estaba enojado con él, y por lo que había oído por Sahori, habia tenido un rapto de ira muy grande... pero no habia otra forma de asegurarse de que estaba bien, y ese sentimiento de inseguridad ya se habia juntado a las semanas de tristeza por la separación... ni su corazón ni su alma resistirían más.

-¿Qué haces aquí?.- La voz grave lo sobresaltó.

-¡Vine a hablar contigo, esto no puede seguir así, Ikki!.-

Tardó un poco en acostumbrarse a la oscuridad reinante, sus ojos parpadearon reconociendo las siluetas. La habitación se veía muy distinta, totalmente estropeada... de seguro que, bajo la furia del Fénix!.

Los muebles estaban desparramados por el piso del cuarto, junto a un sin fin de botellas de alcohol que lo tapizaban de punta a punta. Shun no pudo especificar que clase de bebida era, no podía ver las marcas, pero por el olor que emanaba del liquido derramado por la alfombras, lo mas probable era que fuese algún tipo de agua ardiente.

-¡Qué gracioso!.- Ikki cortó el silencio con una sarcástica risa. –Si yo no tengo derecho para meterme en tu vida... ¿Por qué tú si lo tienes para meterte en la mía?.-

De golpe su silueta se dibujó a un lado de una de las ventanas cerradas, del otro lado la cama estaba apoyada sobre una pared, o más bien, arrojada al descuido.

Demasiado dolor en la voz como para contestar con un razón elaborada, Shun prefirió primero tranquilizarlo. Suspiró, caminando entre el reguero del suelo.

Sentía una intranquilidad muy grande dentro de sí, era como si algo más que una molestia le oprímia el pecho impidiéndole respirar... impidiéndole permanecer en la cama. Su brazo se movió entre las sábanas aún revueltas, y halló el vacío donde debía estar el cuerpo de su amante, y su intranquilidad tuvo buenas razones para hacerse palpable.

Recorrió la casa sin llamarlo, dentro suyo sabía que no estaba allí. Encontró el mensaje donde Shun lo habia dejado, y las razones de la vista de su novio a aquella casa bailaron frente a sus ojos con temor mal disimulado... no podía esperar el llamado de Shun. Salió apresurado.

-Sé que lo que dije aquella vez aún te duele... ¡No quise herirte, pero tampoco no quería perder a Hyoga, Niisan!... ¡La verdad es que no puedo vivir sin tí, y mucho menos sabiendo que me odias!.-

Shun intentó un acercamiento, suavemente, susurrando las palabras que mas sinceras le sonaban, y cuanto más hablaba su voz más se cortaba por las lágrimas que luchaba por retener.

-No hay vuelta atrás Shun... ¡Tú ya me suplantaste!.-

Ikki elevó su tono grave, pero por más que quisiese gritar, su voz estaba quebrada por el dolor.

-¡Eso jamás!... no hay nadie que pueda suplantarte Ikki¡entra en razón!.-

-¡Hyoga pudo!.- Lo último de su voz se apagó en ese momento.

Su hermano suspiró, limpiando las lágrimas incontenibles de sus ojos. Buscó con cuidado las palabras que le hicieran entender a Ikki, por qué habia reaccionada de aquella forma.

-Niisan, sé que en un principio dije que el cariño de Hyoga me recordaba mucho al tuyo, y entiendo que por ello te hayas sentido desplazado... ¡Pero mi amor por ustedes dos es tan distinto como enorme!... ambos son parte importante de mí, por eso que me muero si alguno de los dos me falta.-

Era la pura verdad, e Ikki debía saber reconocer eso... Hyoga significaba tanto para Shun, como él mismo. ¿Cuantas veces habia respirado tranquilo, sabiendo que el Santo del Cisne cuidaba a su Otouto? No era raro el pensar que lo que habia nacido como una amistad, una hermandad pura, haya germinado en amor, tan sincero e inocente como su propio hermano.

No pudo evitar sonreír, como si los celos y temores que lo habían asaltado durante semanas, se esfumaran de golpe. No perdería a Shun, no completamente... ¿Entonces, por qué no habia entendido razones¿Por qué caer en la cuenta recién ahora, luego de haberse comportado como un completo idiota?

Sus mejillas se encendieron de golpe, avergonzado con la comprensión de lo realmente estúpido que se habia comportado.

-¿Estás dispuesto a perdonarme... luego de lo que hice?... así de fácil.-

Shun volvía a sonreír en la oscuridad, ilusionado con la idea de que su hermano lo imitara detrás de la cortina negra que no lo dejaba verlo directamente.

-¡Niisan, no hay nada que puedas hacer y yo no te perdone!.- Shun contestó aún con una mueca surcando su rostro.

Las luces se encendieron de pronto, Shun tuvo que entrecerrar los ojos, ante la sorpresiva explosión de claridad que inundó la habitación.

El semblante serio apareció impávido entre las sombras del mobiliario destruido. Shun se asustó ante el cuadro... más aún, al ver los cortes en las mejillas de su hermano, algunos no habían dejado de manar sangre, como uno especialmente profundo en la barbilla de la cual se deslizaba un fino hilo de sangre.

-¡Oh, Ikki... mira tu rostro!.- Se acercó a él, sosteniendo su rostro entre sus manos.

-No, gracias... prefiero no hacerlo.- Ikki trató de bromear, aunque aun no estaba seguro de poder reír.

Sentía las palmas cálidas secar los rastros de sus lágrimas y la sangre que tenia por sectores en el rostro, con sumo cuidado, sin siquiera prestar atención a las abundantes gotas que llenaban su propio rostro.

-Sé que te lastimé, aún cuando no quería hacerlo... ¿Podrás llegar a perdonarme, Niisan?.-

Quería besarlo, porque quizás el pedirle perdón no bastaría, también sentía que tenía mucha culpa en todo esto... mucha de verdad. Debió de ser más comprensivo, saber que su hermano mayor necesitaba tiempo para acostumbrarse a su relación con Hyoga. Comprender sus miedos le harían entender que lo único que quería era no verlo sufrir.

-Tú no eres el que debe pedir perdón aquí...- Besó las manos, glorificando las caricias, mas seguía sin poder sostenerle la mirada.

-Sí, he de pedir perdón... porque actué con egoísmo... pero no es lo único que quiero pedirte...- Los ojos claros de pusieron serios de golpe. -... y es que por lo menos, intentes tolerar algo más esta situación... ¿Te lo puedo pedir, no, Niisan?.-

Necesitó agacharse, para buscar los ojos que continuaban esquivando su mirada. Requería de una contestación sincera por parte de Ikki.

-Lo intentaré...- En pensamientos de Ikki, no había más para decir.

Recibió un beso a su respuesta, un beso magnífico en su frente, sencillo y tierno. Shun sabía ahorrar las palabras frente a su Oniisan, con Ikki no eran necesarias las frases demasiado armadas.

Cambió rápidamente el tema dentro de su cabeza, viendo a su alrededor... la habitación parecía un campo de guerra.

-Arreglaremos esto y descansarás por un tiempo...- Shun pareció entender su mirada.

Ikki sólo asintió.

No podía seguir aguantando más, aunque no habia sido mucho el tiempo en que habia llegado, sabia que Shun estaba allí arriba hacia al menos una hora, solo... con un Fénix enfadado e iracundo, y por lo que sus compañeros le contaron, muy exaltado y violento. Quería subir y si era necesario, patear la puerta de la habitación del Fénix, y arrastrar fuera a su amante.

Pero no podía hacerlo, Sahori no lo dejaría ¡él ni siquiera debería estar allí!... Además, no habia indicio alguno de discusión o pelea entre el Fénix y Andrómeda, todo estaba en calma y el silencio reinaba en el piso superior... y no sabía si eso era bueno del todo.

Quería evitar a toda costa, la ideas estúpidas que entorpecían su pensamiento, aquello que lo aguijoneaba tan punzantemente, cuando discurría en que Ikki haría todo lo que estuviese a su alcance para recuperar a su Otouto.

¡Tenia motivos de sobra para estar preocupado!

Motivos que lo llevaban a fantasear con cosas tan inverosímiles como...

“¡No, Shun jamás se prestaría a eso!”

Estaba volviéndose paranoico y esquizofrénico también¡No podía pensar en eso!... no porque creyera que Ikki no era capaz de hacer algo por el estilo, sino porque era algo que a Shun no le haría ninguna gracia que su ‘omnipotente’ hermano le propusiera... ¿no?.

Observaba insistentemente la escalera principal, no quiso acompañar a sus amigos, que esperaban sentados en la sala contigua al hall de entrada. Esperaba ver aparecer la figura de su novio, y más que probablemente, con sus ojos llenos de lágrimas... sería más fácil así, lo tomaría de la mano antes de que alguien pudiera abrir la boca, y lo regresaría a su casa; ese entorno no podía seguir siendo para ellos.

Sentía las miradas de sus compañeros, descreídos de lo que él y Shun estaban pasando, como si todo lo hubiesen hecho a propósito. Quizás no entendían lo que era su amor, o de dónde habia nacido, así como tampoco entendían lo que era para Hyoga encontrar a alguien para amar luego de tanto dolor...

-Hyoga...-

La voz lo retrotrajo a la realidad, de golpe todas las miradas estaban puestas en su dirección.

-¿Shun?...-

-Todo está bien, Sahori... ¡Él esta bien!.- Shun se adelantó rápidamente a cualquier tipo de pregunta. –Lamento todo esto, de verdad.-

Su Diosa negó suavemente con un gesto de su cabeza, ahora habían aires de cambio donde sólo caían las penumbras, semanas atrás.

-Haré café...- Ofreció, dirigiéndose a la cocina.

Pero habia mucho más para hablar, pensó Hyoga. No podía ser que fuera así... tan fácil!.

Se giró inmediatamente después que su Diosa se marchara, camino hacia la puerta, sabiendo que Shun lo seguiría. Se alejaron unos cuantos metros delante de la fachada de la gran mansión, lentamente.

-¿Todo terminó?.- Era obvio el tono escéptico que Hyoga utilizara para formular su pregunta... no lo creería tan fácilmente.

Shun asintió, no podía hacer más. Hyoga nunca entendería del todo lo duro que era para él también esta situación, teniendo que dividirse a la mitad por que no podía herir a las dos personas que más amaba. A los tres los unían sentimientos muy fuertes, donde casi no habían barreras que pudieran detener su amor... casi.

-Niisan prometió ‘intentar’ tolerar lo nuestro, Hyoga...- Andrómeda comentó explicativamente, con un dejo de cansancio en su tono de voz.

-¿’Tolerar’?... ¿Qué es eso de ‘tolerar’?.-

-Hyoga, a mí me basta con eso... ¡Es mejor así, a que... ‘nada’!.- Acabó suspirando, sin ganas de seguir con todo eso.

-No quiero que Niisan esté mal, ni enojado conmigo, Hyoga... ¡Sólo quiero estar bien con ustedes dos!.-

-Ok...- Quería entenderlo como lo hacia Shun, pero no podría hacerlo del todo. -... ¡Pero no estoy dispuesto a ceder nada de nuestra vida juntos! Si Ikki tienen que ‘tolerar’ esto, que sea como vivimos ahora... ¡Igual que los demás!.-

Terminó elevando la voz, para pavor de Shun. Sabía que Hyoga se refería a las miradas interrogantes que sus amigos les clavaban, las cuales llegaban a hastiar al Cisne.

-Está bien... ¡No grites!... sólo dale tiempo...- Shun pidió con vehemencia.

Se acerco a él, tendiéndole sus brazos, tranquilizándolo principalmente. Menudo trabajo se habia buscado Shun luego de tantas batallas, cuidar de dos hombres sumamente difíciles, sólo para que sus días no fuesen aburridos.

Besó los labios con deseo, empujando a Hyoga hacia los árboles a un costado del camino, serian cubiertos por el copioso follaje y los arbustos.

“Qué importa que no nos entiendan...” Shun pensó en mitad del beso.

“Nosotros no los entendemos a ellos y aún así vivimos felices!” Concluyó Hyoga, ya más tranquilo.

-Vamos a tomar el café de Sahori, Shun...-

-Ajá... así luego subo a ver a Ikki.-

Volvieron a la mansión, sus manos entrelazadas demostraban la seguridad de su amor, aunque entendían que no era necesario demostrarle nada a nadie... era divertido de vez en cuando ver el rubor en los rostros distraídos de la habitación.

Lo de Ikki seria algo largo y difícil, pero tenían muchas esperanzas de que iba terminar de buena manera.

Si Ikki es Fuego, Shun es el viento que lo alimenta...

Si Hyoga es Hielo, Shun es el aire que lo derrite!

Owari.

Empecé a remasterizar este fic el día 22 de Agosto del 2007, y lo terminé el día 30 del mismo mes a la 23:55

 

 


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