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Nada me importa más.
Las estrellas le dieron lugar al sol, otro amanecer asomaba entre el espeso de las coníferas nevadas. Apenas unas horas de la tormenta, dentro y fuera de la casa... y todo estaba como si nada hubiese pasado... Los grandes ventanales, dejaron pasar la luz, a pesar de las pesadas cortinas, dejando también que la tenue calidez entibiara el rostro de Shun. Profundamente dormido, y totalmente agotado; demasiadas cosas vividas en una sola noche, su primera noche, como para que unas horas de sueño curaran su cansancio físico. Pero no tuvo más opción que la de voltearse, para saltar un segundo luego. Su mano dió en el vacío al voltearse... ¡La cama estaba vacía a su lado!. En ese momento recayó en el hecho de que estaba en su cuarto, aunque no recordase haber terminado con Hyoga allí, y además estaba solo... Pero sólo era cuestión de meditarlo unos momentos, no podía simplemente dejarse llevar por la tristeza... habría una buena razón por la cual habia despertado solo, quizás su amor tenia algo que hacer esa mañana y al levantarse no quiso también despertarlo a él.. además, Shun también tenia que hacer cosas esas mañana, aquellas pequeñas cosas de todos sus días normales. Sonrió, estirando sus piernas fuera del lecho, no habia motivo alguno para no creer en el amor prometido y consagrado de Hyoga. Ahora sólo le restaba la tarea más difícil... hacer la limpieza. No le gustó mucho ver que le llevaría más tiempo que el normal, arreglar el lío que habían hecho con el Cisne durante la noche. Demasiadas cosas tiradas, demasiadas cosas fuera de su lugar de origen. Para empezar, de los almohadones ninguno estaba en su respectivo sitio, las cobijas y almohadas desparramadas en el centro de la sala, o colgando de los sillones frente a la gran chimenea. De golpe Shun tenía todo su rostro totalmente teñido, pos supuesto que recordaba todo lo que habia hecho la noche anterior, pero llegar a comprenderlo era algo, un tanto... distinto. Comenzó por ordenar las cosas que estaban en el suelo, doblando frazadas y edredones, ubicando todo almohadón donde debería estar. Entre el desorden, halló también, el abrigo que Hyoga traía, y aunque hallarlo le trajo su aroma de manera inmediata, le extrañó que se hubiese ido sin él. Pero cuando iba a pensar en una razón, del interior cayó algo que fue a dar contra su pie. No estaba guardado en ninguno de los bolsillos del abrigo, por eso había caído inmediatamente después de que Shun alzara la prenda del suelo. De seguro puesto al descuido por el rubio. El rosario con la Cruz del Norte, se extendió en el suelo, cerca de su pie izquierdo; no tardó un segundo en considerarlo, lo levantó y se lo llevó hacia su pecho.. de haber podido, lo hubiera guardado muy dentro de él, cerca de su corazón, pues no había lugar más seguro que ese en toda la casa. “¡Por fín!”. Se anunció a sí mismo, terminando de limpiar el ultimo mueble. No era tanto el polvo acumulado, como el desorden, pero para maniatismos de limpieza... Shun era todo un experto. Ahora sólo bastaba arreglar el hecho de que su estomago rugía por algo de alimento. Y debía ponerse a cocinar si quería acallar a su ruidoso y exigente compañero. Dispuesto a comenzar a trastear en la cocina, los golpes lo hicieron abandonar las ollas y sartenes para ir a ver quién golpeaba. -¡Niisan!... ¿Qué haces tan temprano?.- La sonrisa brilló ante los ojos azules. -Buenos días, Otouto.- Contestó, algo en reprimenda al poco tacto de su pequeño conejito. -Buenos días, Niisan.- Volvió a intentarlo, bajando la vista. –¡Pasa!.- Y se corrió de la puerta para dejarle espacio a que ingresase. Ikki movió la cabeza, suavemente, negando la invitación del joven. -Vengo a invitarte a comer... ¿Quieres?.- -¡Sí!... – No lo dudó al contestar. -¡Gracias Niisan, por que no tenia ganas de cocinar!.- Shun aceptaría la invitación, claro que sí... su estómago rugía y sus ganas de cocinar eran muy pobres esta mañana. Volvió a invitar a Ikki al interior de la casa, así lo esperaría allí hasta que terminara de cambiarse. La habitación completa estaba bajo la mirada de Ikki, la minuciosa mirada de océano, escrutaba su alrededor con un dejo de desconfianza. -¡Vamos!.- Sólo unos minutos de viaje en auto, y estuvieron sentados en las tan conocidas sillas del restaurante al que habitualmente asistían. Ordenaron lo de siempre, con muy pocas variaciones. Comida japonesa tradicional, algo que a los hermanos les gustaba compartir en esas salidas sólo para ellos. Mientras esperaban, Ikki creyó prudente comenzar una plática con su Otouto, fuera de que el mozo la oyese. -¿Te acostaste tarde anoche, Shun?.- -¿Hmm...?.- Shun masticó una tostada mientras esperaba su plato, tragándola dificultosamente después de la pregunta. –No... ¿Por qué lo preguntas?.- -Sólo pregunté... ¿Esta funcionando tu contestadora?.- -Yo creo que sí... – Ya comenzaba a ponerse nervioso. ¿Por qué tantas preguntas, por Zeus?. - ¿Por qué, Niisan?.- -No... Sólo porque ayer te llamé, y como no contestaste dejé un mensaje para que me llamaras en cuanto pudieras... ¿No lo oíste?.- -No, de seguro porque estaba bañándome... y luego olvidé revisar la maquina.- -Ajá...- Por suerte, y antes de que a Ikki se le ocurriera seguir haciendo más preguntas, el mozo se acercó a su mesa con el primer plato. Sopa de cerdo con fideos de arroz. -Buen provecho, Niisan.- Como descuidadamente, Shun dispuso sus hashi para comenzar a comer. Ikki sólo le sonrió. La comida fue un aplacamiento útil. Shun pudo ver cuánta hambre había ganado sólo en unas cuantas horas. Tanto como para pedir doble ración de postre. -¿Listo?... ¡Vamos!.- El Fénix anunció depositando el dinero sobre la bandeja. Subieron al auto, Ikki conducía tranquilo, pero Shun ya no sabia dónde lo llevaría su Niisan. Acabaron en un parque interior, climatizado para reproducir una cálida primavera. A Shun le pareció que solo faltaban las Sakuras para que ello fuera de verdad una bellísima primavera. -¡Veo que te gusta, Shun!... Lo inauguraremos dentro de unas semanas... ¡Pasen!.- La voz dulce los hizo voltear. Sobre una de las terrazas floridas, Sahori los veía sonriente. Inmediatamente de que entraron sintieron el cambio de clima, y desecharon sus abrigos en el hall de entrada. Apenas unos escalones, de granito, los llevaron donde su Diosa estaba junto con sus amigos, descansando del clima invernal del exterior. Saludos de rutina... ... Y una sonrisa dedicada. Sólo un atisbo, una sonrisa que sólo Shun pudo apreciar, por los segundos que duró. Pronto los ojos celestes se apartaron de los de Shun, en un intentó forzado de no cruzarse con otro par. Ikki seguía a Shun muy de cerca, tanto que el Santo de Andrómeda no podía acercarse al Cisne. Lo buscaba con la mirada mientras caminaban, quería preguntarle cómo estaba, cómo se sentía... y decirle que lo había extrañado mucho, pero siempre que lo tenia en su línea de visión, obtenía inmediatamente el vacío ¿Por qué?. Sahori hablaba, explicando las obras que aun faltaban por hacer, antes de que el recinto pudiera ser abierto al público. Demasiado aburrido algunas veces, otras sólo entretenido para los conocedores de botánica... pero muy hermoso!. -¡Ikki!... ¡Mira hay un lugar para practicar alpinismo!.- Seiya había gritado, entusiasmando al Fénix, quien ya había empezado a bostezar durante la caminata. Momento propicio para que Hyoga pudiese por fin arrastrar a su pequeño amor a un lugar más apartado del recinto. Traspasaron unas enormes puertas de blindex hasta un ambiente tropical, con hermosas planta de clima cálido y húmedo. Shun trató de leer uno de los tantos carteles que informaban el nombre de cada especie y procedencia exacta de la planta, pero mayormente eran todos nombres científicos. -¿Hyoga, sábes qué clase de...?.- Al darse vuelta no encontró al rubio. Lo buscó con la mirada a su alrededor. El Santo había caminado algo más por el sendero de grava, deteniéndose frente a una cascada artificial, lo que llenaba el espacio de una suave llovizna. Shun caminó hacia él, cuidándose de que no fuera a caerse al subir al puente de madera mojada. Y esperó en silencio a su lado. -Fue muy hermosos lo de anoche.- la voz suave rompió el silencio entre una sonrisa mansa. -Sí... realmente lo fué.- No había muchas más palabras que Shun pudiera pronunciar. -Pero... creo que no todo lo fue así, después de todo!.- Los ojos verdes buscaron rápidamente los celestes, incrédulo de lo que oía. -¿Por qué... fué algo que yo...?.- -No, Shun.- Hyoga buscó enfrentar el rostro abatido de su pequeño amante. -... Es que luego de todo nuestro amor, y de quedarnos dormidos... ¿Tú sábes lo que pasó?.- Shun no entendía lo que Hyoga le preguntaba, según él, todo había terminado bien esa noche entre los dos. -No, Hyoga... ¿Qué fué lo que pasó?.- -¿Tú recuerdas que... cuando yo llegué, Ikki llamó al poco tiempo, no?.- El Cisne hizo una pausa, hasta ver que Shun asentía. –Bueno, mientras dormíamos golpearon a la puerta, y como nadie contestó... – Antes de que Hyoga pudiera terminar de hablar, sintieron la voz de Seiya llamándolos, y pronto la mirada de Ikki estuvo sobre ambos muchachos. Andrómeda vió cómo el Cisne se apartaba algo de su lado –No quería que hubiese escenas en aquel lugar-, y volvía a una actitud fría y esquiva. No le fué tan difícil el darse cuenta de lo que había pasado esa madrugada; Hyoga había hablado de Ikki... e Ikki se había mostrado muy interesado en averiguar que había hecho aquella noche. ¿Acaso Ikki sabía lo que había pasado entre ellos?. Por supuesto, no había otra explicación. Ikki lo había descubierto durmiendo con Hyoga, y lo había echado de su casa tan sólo esperando el tiempo suficiente para que se vistiese; por eso Hyoga había olvidado su abrigo y cruz, en el suelo desordenado. Ahora entendía todo. No pudo aguantarlo, por más respeto y admiración que le tuviese a su querido Niisan. Lo que había hecho era demasiado. Tenía que abandonar el lugar, no podía seguir viendo a Ikki a los ojos, no sin decirle lo que pensaba de su forma de haber actuado. Nadie lo entendió, apenas sus amigos se acercaron a ellos, salió de allí en un arrebato; su expresión había cambiado tan drásticamente, que nadie dilucidaba un posible por qué. Pero Ikki pareció tener una muy buena idea de por qué era. No necesitó cruzar mirada alguna con Hyoga, no era necesario colgarse nuevamente en una amenaza implícita. Ahora, Shun le importaba más!. Alcanzó su brazo aún a muy poca distancia, claramente aventajado por sus piernas firmes y largas, sosteniéndolo con fuerza para detener su encaprichada huida. Pero Shun no estaba dispuesto a quedarse, ni a dejar que Ikki le diga qué hacer; esto no era una batalla, donde necesitaba que su Niisan le recordara por qué estaban peleando... esto era solamente amor!... Él descubriría sólo qué hacer. Se giró abruptamente, clavando sus ojos en aquellos tan parecidos a los suyos. -No tienes... Niisan, no tienes ningún derecho...- Empezó. Sin embargo no podía elevar su voz en contra de su hermano. Eso era para él toda una blasfemia ¿Qué podía reprocharle al hombre que lo habia dado todo por él?... -Tengo todo el derecho del mundo si creo que tu seguridad peligra.- dijo el Fénix dijo seriamente. Andrómeda parpadeó incrédulo a lo que escuchaba. Era una estupidez tan grande que no tenía comparación. ¡No corría ningún peligro! Hyoga lo amaba y lo protegería como lo habia hecho hasta ahora. -No es así, el derecho es mío, de elegir a quien yo quiera para amar, Niisan... ¡Y Hyoga me AMA!.- Resaltó las ultimas palabras para que Ikki las entendiera bien. Fue demasiado, Ikki apretó el brazo de Shun, entre sus manos, molesto por las palabras en los labios de su Otouto, lastimándolo aún sin querer hacerlo. -¡Basta!... ¡Suéltalo¡.- La intervención de Hyoga no se hizo esperar, la expresión de dolor de su amante le imploraba una mediación de su parte. -¡Que lo sueltes, Ikki¡.- El Fénix estrechó los ojos, a medida que sus dedos dejaban de presionar el brazo de Andrómeda. Ahora los tres eran el centro de las miradas desconcertadas, preocupadas por el raro actuar. Seiya fue el primero en entrar en escena, mediando para que se calmaran, sea lo que sea que hubiese pasado. Pero poco pudo lograr el Pegaso antes las miradas con las que Ikki y Hyoga se demostraban odio, y se amenazaban. Todos se habían tensado, a la espera del mejor momento para hacer su movimiento, como si el que lo hiciera primero pudiese ganar la justa en la que se habían tendido, aun más nadie se movía. Sahori avanzó lentamente, obligando a Seiya a salir de en medio de sus compañeros. Tenia en claro que no pasaría a mayores... o por lo menos eso esperaba, no era de los mejores cuadros ver pelear a sus Santos. -¡Creo que deben arreglar esto solos, Seiya!.- La Diosa pidió suavemente y bastó para que el Pegaso la obedeciera, siguiéndola junto con el Dragón hacia otro lado del recinto. La Señorita Kido había notado lo tenso de la situación durante el paseo, además podía llegar a tener una pequeña idea de qué rumbo iba a tomar todo aquello, y las razones, y si todo eso pasaba... nadie, ni ella misma podría calmarlos a los tres. Por eso decidió llevar a sus otros compañeros de allí!. Hyoga no cesaba en sostener la mirada de Ikki, nada excepto quizás Shun detrás suyo tenía real sentido para él en ese momento a su alrededor. Pero toda esta escena infantil, sí sacaba de quicio a Shun ¡Toda esa situación era molesta y por demás estúpida!... y harto de tener que soportarlo, tiró de Hyoga para ponerse en marcha, Salieron del lugar, junto con el último grito de Ikki, advirtiéndole a Shun que detuviera. Los ojos celestes buscaron en un fugáz pensamiento a los verdes, se notaban la tristeza en los ojos claros, pero no hubo pizca de arrepentimiento ni ningún signo de querer retroceder. Se pusieron en camino abrazados el uno al otro, pues Shun había olvidado de recoger su abrigo en la desesperación de salir de allí lo más rápido posible. Llegaron antes de que el ocaso comenzara a teñir el cielo invernal de colores cálidos, pero no había romanticismo capáz de quitarles el mal rato vivido. Nada tendría de comparable ese día con el anterior. El primero cargado de amor y deseos hace tiempo reprimidos, y el otro de una injusta restricción, estúpida como quien intentaba imponerla!. Pronto los sollozos de Shun llenaron la sala, su cuerpo temblaba de pies a cabeza. Había sido demasiado, y estaba muy nervioso, no entendía del todo por qué se había desencadenado toda esa situación. Hyoga sólo observaba, el llanto era algo bueno, aunque le partiera el alma verlo llorar así, por lo menos aquello lo ayudaría a descargarse... Él no podía hacer nada mas que acompañarlo. Un nuevo sobresalto los dejó inmóviles en su sitio. El timbre del teléfono había quebrado agresivamente un ambiente por demás pesado y opresivo... otra campanada igual de aguda. El Cisne observaba la reconstruida tranquilidad de Andrómeda, aguardando el último timbre antes de que la contestadora recibiera el mensaje. «Shun, sé que estas ahí... ¡Atiende el teléfono!». La voz del Fénix se oía irritada, lo que pareció encender aun más el enojo del calmo Santo de Andrómeda. Sin embargo buscó consejo en los ojos del Cisne, a unos metros de él. Sólo encontró un apoyo incondicional, él debía tomar la decisión. -Hola, Niisan... – Shun levantó el auricular, justo cuando Hyoga decidió tomar asiento. «¿Con quién estás, Shun?». Ikki bajó un poco el tono de su voz, tal vez sólo para tragar el nudo en su garganta. -... ¿Por qué preguntas eso, Niisan?... ¡Sabes muy bien con quién estoy!,. «Shun, entiende que no quiero que esté allí!» -¿Por qué, Niisan?... ¿Qué te molesta de todo esto?.- Las lágrimas volvieron a brotar, pero su voz no se cortaba. «Sólo que esté a tu lado, Otouto...» La dulzura con la que Ikki trata de llenar sus palabras, no dan resultado alguno... Esa no es una razón válida para que Shun dejara a la persona que ama!. -¡Pero yo sí quiero que esté a mi lado!... ¿No te das cuenta que lo amo... que me gustan sus besos y sus caricias?... ¡Y él me ama, Niisan!.- «...». Silencio. Shun quedó solo con el sonido del teléfono, su Niisan habia colgado. Lentamente, depositó el auricular nuevamente en su sitio. -¿Qué fue lo que sucedió?.- Quería mantenerse callado el mayor tiempo que le fuera posible, dejar que Shun asimilara todo y cuando estuviese listo se lo compartiera, pero no podía esperar... necesitaba saber. Los cabellos suaves se movieron de un lado al otro, no tenía voz para decirlo. Rápidamente buscó asilo en los brazos morenos. “Abrázame, sólo abrázame”. El pensamiento llegó hasta Hyoga en un conocido lazo que ambos compartían, y él acunó a Shun en un suave y firme abrazo. -Te amo... – Uno de los labios se separaron, rompiendo el silencio que se había colgado nuevamente, con un susurro suave. Y los otros pugnaron por sellarlos. No era necesario que pronunciara esas palabras... la entrega estaba sellada, incluso desde antes de su primera noche. El beso se volvió profundo, y el amor hizo eco por todo el interior de sus cuerpos; las manos se sumaron con caricias nuevas, cálidas y renovadas en cuerpo y alma. Shun acompañó el ritmo, marcando el suyo al compartir el mapa de su cuerpo, totalmente desplegado ante las manos del Cisne. Invitación que Hyoga tomó tan literal como imposible de negar. -No... Hyoga, por favor... – Shun buscó clamar las manos morenas, ganarles una batalla que ya de antemano está perdida. –¡Es temprano!.- Los ojos celestes pestañearon con gracia, “¿Temprano?”. -¿Qué tiene que ver con eso, cachorro?.- Preguntó con dulzura. –No necesitamos de la noche para escondernos... ¡No ahora, por lo menos!.- Concluyó sonriendo. -Sí... – El calor crecía y era demasiado para su cuerpo, pero no podía luchar contra su innata timidez. Besos suaves... Sobre los párpados cerrados, y algo hinchados por el llanto, glorificados por sobre todo su rostro. Buscaban acabar con la misma inocencia que tanto adoraban, con la timidez que amenazaba con frustrar sus intenciones de compartir con su amado, lo más sublime de los placeres terrenales. -Vamos... – Se estremeció ante el susurro que acarició su oreja. Demasiada tentación para desistir. La mano morena condujo a la otra más pequeña hacia el cuarto, cerrando las cortinas a su paso. El ocaso comenzaba a teñir la habitación de luz rojiza, donde las cortinas –que no fueron cerradas- dejaban ver el exterior. La confianza seria puesta a prueba. Compartieron una danza silenciosa hasta los pies de la cama, demasiados acordes para que sea perfecta, demasiados pasos como para memorizarlos... pura improvisación, mediante toques osados, y gemidos a media voz. Un lecho, dos amantes... Un amor! Pero aun así, mecho nerviosismo. Shun protesto al sentir como Hyoga comenzaba a desvestirlo por completo... no era lo mismo. -Shhh... será igual que anoche, solo que ahora podré ver mucho mejor cuando llegues al orgasmo!.- El carmín se encendió profundo, en la mejillas de Andrómeda. La respiración de Hyoga rozaba el cuello blanco, con cada nuevo murmullo con el que intentaba calmar a su amante. Lentamente reveló cada parte del cuerpo masculino con sus manos, derribando con caricias las barreras que los nervios de Shun le ponían. Hyoga pensó que todo iría mejor si estaban en igualdad de condiciones, y rápidamente comenzó a desvestirse. Shun permaneció tendido en la cama, su cuerpo totalmente desnudo, su boca entreabierta exhalaba un vaho calido en el frío de la habitación; sus ojos cerrados con vehemencia, y su pecho que no conseguía calmar la agitación de su respiración. -Por favor amor... abre los ojos!.- -No, Hyoga... – Negó con sus cabeza de forma segura, pero Hyoga le tendría toda la paciencia necesaria. -¡Shun, ya has probado por completo mi cuerpo!... ¿Por qué, entonces te avergüenza ver algo que ya conoces?.- -No sé... – La voz suave tembló. Mordió su labio con impotencia, porque no podría creer que algo que había disfrutado la noche anterior, ahora lo llenaba de inseguridad. Se sentía muy infantil. -Abre los ojos, Shun... – El Cisne besó su pecho, sensibilizando aun mas su cuerpo. Shun se resigno a abrirlos, sentía como sus pezones se endurecían bajo el calido aliento que Hyoga exhalaba sobre su tórax. El rubio lo miraba a los ojos, la corina de hilo claro caía frente a la profundidad de sus ojos celestes. Rozaba con cuidado su cuerpo sobre el otro... no quería seguir dilatando mucho mas el momento. El Cisne se situó en medio de las piernas de Shun, tratando de abrirlas sin ejerces fuerza. -Espera, Hyoga...- A pesar de la excitación, el rostro pálido se tiño de un color mas intenso aun. -Tranquilízate bebé... si te opones no disfrutaras nada...- Hyoga terminó de abrir las piernas blancas con ayuda de sus manos, sabia muy bien cual era su posición de privilegio, allí donde estaba ahora y donde era probable que nadie mas este; y lo aprovecharía al máximo. Comenzó acariciando suavemente toda la extensión de piel, rozando sus pezones con la yemas de los dedos. La sensibilidad del cuerpo de Andrómeda era tal como para estremecerse por completo ante tan suave estimulo. -¿Te gusta, verdad?.- -Si...- Hyoga sonrió con picardía, habría esperado que no le contestase con lo inseguro que se sentía, pero su excitación se iba saliendo de control. Shun ya no soportabas las caricias y roces... ahora, llegar a la penetración seria algo que tendría que ver si podía hacerlo. Se acerco para besarlo, devorando con fruición aquella boca rosada, humedecida por los besos anteriores y semi abierta. Shun lo dejó hacer, dándole paso libre hacia su lengua, lamiendo los labios antes de morderlos. Una risa suave escapo de entre ambas bocas unidas. -¡Bien, parece que se te fue la timidez!.- Bromeó el Cisne ligeramente, relamiendo sus propios labios. -¡No!... yo diría que mas bien el temor.- Shun hizo otro tanto, imitando al rubio. -No hay nada por que temer... ¿Empezamos?.- Asintió, no hacia falta decirlo, bastaba su lenguaje corporal, sus piernas firmes atándose a su cintura y sus manos acariciando sus hombros y espalda. Hyoga estimulo su sexo hasta llevarlo a una rigidez completa, antes de comenzar a introducirse en Shun, muy lentamente. Demasiado tiempo mas le hubiera llevado una lubricación correcta de la zona, y para evitar ese tiempo, se decidió simplemente a tener sumo cuidado. Aunque eso no fue garantía alguna de nada, pues le dolor se impuso al placer en un principio, llevando a Shun a clavar sus uñas en los brazos del Cisne. Se detuvo una vez alcanzada la profundidad deseada. -¿Hyoga, que haces?... ¡Muévete!.- Shun lo amenazo con el toco aliento que tenia, la presión era demasiada como para soportarla. El Cisne esbozó una sonrisa lasciva, comenzando una movimiento cadencioso que llevaba un ritmo constante. Quitaba su miembro muy lentamente, para volverlo a introducir con algo mas de fuerza una y otra vez. Los movimientos eran tan exigentes, físicamente, que Shun ya no sentía dolor, en cambio sus manos se aferraban al trasero terso de su ave blanca, en un pedido de mas constancia en su ritmo, mas rapidez en sus arremetidas, haciendo que Andrómeda gimiera cada vez mas alto. Los gruñidos de Hyoag enervaban la sangre de Shun, lo desesperaba sentir el aire caliente junto al sonido ronco cerca de su oído. Se colgó de su cuello, enredando sus brazos detrás de la nuca rubia , lamiendo la extendió de piel expuesta , justo cuando la ultima estocada llevo la mayor parte de fuerza. Evitó gritar por todos lo medios, apretando sus dientes contra el hombro de Hyoga, y llegando al orgasmo al mismo tiempo. Quería decirle algo, talvez reclamarle el hecho, pero la agitación no se lo permitía; derrumbo su cuerpo sobre el otro, esperando recuperar el aliento para recriminárselo luego. -Por dios, Shun... ¡Dolió!.- Jadeó su enojo entre el cabello revuelto de Andrómeda., aun dentro de su cuerpo. -¡Fuiste tu el que me lastimo primero!.- Retruco con razón. -¡Sal, por favor!.- Y terminó por empujarlo suavemente, apoyando ambas de sus palmas en el pecho ancho. Hyoga gruño algo, un quejido producto de la ultima oleada de placer que lo recorría mientras salía del cuerpo de Shun. Tomo lugar a su lado, boca arriba, descansando. El exterior ya estaba completamente oscuro, las luces iluminaban los alrededores y el interior de la habitación. Habia comenzado a nevar nuevamente, y en consecuencia la temperatura había bajado considerablemente. Fue lo primero que sintió una vez que normalizo su respiración y su cuerpo se tranquilizaba lejos del calor y el peso del cuerpo de Hyoga. Busco sentarse con cuidado en la cama, sus piernas temblaban casi imperceptiblemente, observo a su lado, donde el Cisne parecía estar ‘normal’. Respiraba tranquilamente y su cuerpo no parecía mostrar un agotamiento como el suyo. Lentamente sus ojos se deslizaron por todo el largo de la altura de Hyoga convergiendo en el punto exacto donde había clavado sus dientes, el hombro derecho del Cisne mostraba el camino recorrido por un fino hilo de sangre... ¡Llego a abrirle una herida grande! Se inclino sobre el torso moreno, tratando de averiguar que tan profundo era el corte que había abierto en la piel bronceada, sumergió las puntas de sus dedos en la sangre, tratando de limpiarla para ver mejor. No se percato del momento en el que su cabello escapaba del agarre precario detrás de su oreja y caia de su hombro... el roce pareció perturbar el rostro sereno de Hyoga. Los ojos celestes se abrieron inmediatamente sabiendo que encontrarían las preciosas esmeraldas observándolos por igual. -Lo siento, amor.- Se disculpo mordiendo sus labios. -¡Olvídalo!... ya no duele.- Hyoga le sonrió mansamente, elevando su mano para acariciar el rostro pálido. Y pensar que solo minutos antes, aquellas mejillas níveas estaban teñidas por el calor y la excitación, el deseo y la pasión, en un carmín brillante que se destacaba sobre tal palidez. Deposito un beso suave como pago en su perdón, Hyoga no se lo pediría pero él estaba dispuesto a hacer todo por su Cisne, se levanto de la cama frente a los ojos celestes que lo seguían extrañados de sus movimientos. Caminó hacia el otro lado del cuarto con la certeza de que la mirada fija en su figura. ¡Y como para perderse el espectáculo! Hyoga se semi irguió sobre el lecho, seguía el cadencioso movimiento del cabello de Andrómeda al rozar con su espalda. Lo vio sacar algo del interior de uno de los cajones y voltear en su dirección, retomando el lugar al lado de su cuerpo. Parecía no sentir el pudor que lo había embargado tiempo atrás, ni siquiera al demostrar todo su cuerpo sin tapujos. Con cuidado y dulzura, Shun se acomodo sobre la cintura de Hyoga, inclinándose hacia adelante para limpiar con alcohol la herida, el Cisne emitió un gemido suave rechinando sus dientes al ardor del seco liquido; Andrómeda tapaba su herida, que apenas si era algo de importancia comparadas con otras tantas que ya había sufrido su cuerpo. Saco la sangre que se se había empezado a secar, cubrió con gasa el hombro de su amante. Hyoga estaba perdido en el solo pensamiento de su amor, cerrados los ojos, bajo las caricias que aquellas manos, bajo la calidez de todo su cuerpo. No podía pensar en otra cosa que no sea o se remita a Shun... y al amor que él sentía por ese ser tan especial. -Hyoga...- La voz suave frente a si lo despertó. Abrió sus ojos en medio de una sonrisa mansa. -Solo quería decirte que ¡Te amo!.- necesitaba aquella declaración, ponerse serio por solo unos instantes y demostrarle a Hyoga que no mentía, que lo que sentía era tan real como todo lo que habían vivido hasta ese entonces. -Lo sé, Ángel... ¡Creeme que lo sé!.- Hyoga alzó una de sus manos para acariciar una de las mejillas del muchacho. -Y que nadie podrá hacer que deje de sentir esto que llevo dentro... ¡Sea quien sea, y diga lo que diga!.- -¡Jamás!.- Completo Hyoga, cerrando un juramento mutuo. -Solo quiero estar a tu lado.- Sonrió por ultima vez, sintiendo que sus ojos se cerraban y sus músculos temblaban a causa del agotador día. Anido entre los brazos de su ave, de modo de no obligarlo a mover su hombro lastimado, se abrazó con fuerza y posesividad. No había importancia ahora de cuan desnudos durmieran, o donde lo hicieran, nadie vendría a molestar su sueño en mitad de la noche. Estaban entregados... nada mas importaba. Comencé esta remasterisacion el día 08 de Agosto del 2007 y la termine el 21 del mismo mes a eso de las 11: 42 de la noche... Jo!
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