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Primera noche de amor
El frío y la nieve cubrían todo hasta donde los ojos podían ver. El bosque de pinos detrás de la casa se escondía completamente bajo la túnica impiadosa de la “Yukionna”... la princesa blanca amenazaba a cualquier incauto que quisiera atravesar sus tierras... Por suerte Shun estaba a resguardo, cómodamente instalado en su casa, espaciosa hasta ser demasiado grande para él, mucho para sólo pasar unas pequeñas vacaciones lejos del centro de Japón... así que se instaló definitivamente en ella. Quizás su descanso fuera fugaz, luego de las batallas vividas, quizás consiguieran por fin encontrar paz después de entregar cosmo y vida hasta el último momento, segundo a segundo... El invierno arreciaba en las afueras. Señal de que pasaría una noche placentera entre las cobijas, de su lecho tibio... aunque fuera en soledad. El repiquetear del fuego en la chimenea, hacia que la habitación se encendiera bajo la luz rojiza, acentuando las sombras que se desplazan pausadamente por la estancia. Shun acababa de tomar un baño caliente y su cuerpo aún exhalaba aquella calidez por todo su torso húmedo. El joven santo de Andrómeda, secaba sus cabellos mientras los peinaba con cuidado entre sus dedos. Apenas se habia puesto una camisa, que aún no había prendido... y como sólo vestía aquella fina tela, ya comenzaba a sentir el frío del ambiente sobre su piel expuesta. Sintiendo la suavidad de la espesa alfombra bajo sus pies, caminó hasta quedar frente al fuego fuerte, buscando devolver el calor que su deambular por el cuarto le quitó... Disfrutaba de aquella pequeña soledad, oyendo la música que todos sus demás compañeros decían que sólo él podía escuchar!. Se adormeció por unos segundos apenas, con el calor del fuego en su rostro. Volaba en el pensamiento acompañado de un suspiro hondo... el movimiento de su pecho algo; la tela de su camisa se adhería a aquellas partes de su cuerpo que aún seguían húmedas. Volvió a suspirar tras los movimientos de sus manos, prendiendo uno a uno los botones y acomodando la camisa sobre sus rodillas desnudas. Pensaba en su idea de haber venido a vivir solo, por que aunque disfrutase de la tranquilidad que le brindaba el lugar, no le causaba gracia la soledad reinante... no del todo, al menos! Por lo menos agradeció que no tuviese motivos por los cuales vestirse, y así perder aquella posición tan cómoda que había adoptado frente al fuego. Sin nadie a su alrededor podía permanecer los más cómodo posible, incluso podía llegar a dormir allí... sólo era cuestión de acercarse unas cobijas y algunos almohadones de los sillones. Sonrió al desperezarse, estirando sus piernas, sobre la alfombra. Aunque casi inmediatamente volvió a tensarse, debido a los fuertes golpes que azotaron la puerta de entrada. Se puso en guardia de inmediato, completamente extrañado... ¿Quién seria a esta hora y en medio de un clima como ese?... dudó unos segundos, hasta que escuchó una voz familiar luego de una tanda más de golpes, del otro lado de la puerta y se apresuró a abrir. Inmediatamente, dejó que pasase junto a un vendaval de viento y nieve. Apenas mechones de cabello escapaban del resguardo de la capucha cubierta de nieve... y aquellos ojos!. Shun sintió arder su rostro cuando enfrentó aquellos ojos ¿Cómo pudo olvidar en el estado que estaba? --casi desnudo--. Por suerte su camisa era en realidad de Ikki, y llegaba hasta un poco más debajo de sus muslos. -Buenas noches, Shun... - -Perdóname... es que recién salgo de bañarme.- Los ojos celestes brillaron tras la sombra de la capucha, sonriéndole en un desinterés por ello. -Pasa, y permíteme unos segundos... - Avergonzado hasta la raíz del cabello, Shun corrió a ponerse, por lo menos, un short. --no le gustaba mucho andar de exhibicionista frente a sus amigos--. Para volver lo más rápido posible a la sala. Sentía como su pecho se movía agitado bajo la tela fina, no sólo por la vergüenza vivida, si no también por que jamás pensó en recibir semejante visita. Era casi imposible... pero ahí estaba! Trato de serenarse de camino a la estancia, ya su visitante había ocupado un lugar en el amplio sofá frente al fuego. La alcanzó una toalla para que secara las gotas que escurrían de su cabello, ahora que la nieve se había derretido, antes de ocupar un lugar en el otro extremo... y esperar!. En el aire seguía sonando una melodía suave... la canción favorita de Shun, en función repeat. Una letra que hablaba de una historia de amor, prohibido, pero infinito... Casi podía escuchar el eco de sus latidos como un golpeteo acelerado y frenético... y el silencio que se había colgado entre los dos no lo ayudaba con su nerviosismo. Ninguno parecía querer iniciar una charla, y la impaciencia crecía... los deseos se correspondían detrás de los transparentes ojos, reconociendo el gemelo de su sensación en aquel par de gemas amadas, miradas que acrecentaban aquello que trepaba por sus cuerpos. Quebrado todo momento intenso. Shun casi desfallece ante el histriónico sonar del teléfono; Intentó levantarse para atender la llamada... algo que no consiguió hacer, gracias a una mano que tomó a la suya y detuvo su andar. -Hyoga, debo atender.- Apenas habló, su mirada bajó inmediatamente. -Ahora no, por favor... quisiera de toda tu atención... esta noche.- Hyoga se acercó a él, tomando sus brazos. -Es-esta... bien.- Andrómeda no intentó insistir, y terminó reposando su cabeza gentilmente sobre el pecho de Hyoga, perdiéndose en su abrazo. El insistente pedido de atención por parte del artefacto telefónico, terminó cuando la contestadora atendió la llamada... «¿Shun... aún no terminaste de bañarte o ya te fuiste a dormir??. Bueno, si no puedes llamarme hoy hazlo mañana ¿Sí Usabi?» La voz grave y harto conocida puso en alerta inmediata a Shun, haciéndolo saltar de los fuertes brazos del ruso. -¡¡Era Ikki!!.- -Shhh... no te preocupes... - Hyoga tomó la barbilla de Shun entre sus dedos, enfrentando directamente el celeste de su mirada, con el verde de la de Andrómeda. Volvieron a quedar en silencio, y el latir de sus corazones ya era casi un rugir desesperado, a la espera de ese buscado beso. Shun sabia lo que iba a ocurrir, lo sabia y lo deseba... más que a nada en el mundo, pero al último momento retrocede, bajando su mirada. No hay problema ninguno... Hyoga suspiró entre una sonrisa mansa, no estaba para nada molesto; sabia con lo que podía llegar a toparse. La duda y la indecisión serian una moneda corriente en la actitud de su joven amigo... sólo le restaba esperar, ser paciente y esperar! Estira su mano para levantar el rostro pálido, nuevamente frente a frente Shun se permite sonreír, para puro deleite del Cisne. Poco a poco, y sin apartar su vista de Shun, Hyoga inicia el descenso de aquella mano cálida, deslizándose por su cuello hasta llegar al primer botón de su camisa. Con cuidado lo desprendió, ante la mirada expectante de Andrómeda, corriendo la tela fuera de su camino para poder apoyar su mano sobre el pecho blanco. Andrómeda dejo escapar el aire que retenía inconscientemente, en un suspiro pesado... con el cual también escapó algo de su temor, podía sentir el calor de la palma de Hyoga sobre el latir de su corazón. Hyoga le sonrió con total paciencia, y Shun no pudo resistirse más, avanzó en dirección a los labios del Cisne sin que hubiese nada que lo hiciera retroceder. Un primer beso, simple, manso... que se profundizó a medida que tomaban más confianza de sí mismos, y del otro. Hyoga comenzó por enredar sus dedos en los rizos de Shun, al tiempo que Andrómeda deslizaba el grueso abrigo de los hombros anchos del rubio, dejándolo caer. El segundo botón de la camisa blanca perdió asidero en el otro extremo de la prenda, bajo las manos morenas de Hyoga, y en respuesta Shun comenzó a despojar al cisne de su playera, con una paciencia desesperante. Otro botón se desprendió bajo las manos de Hyoga, que lentamente se deslizaban para enredarse en la cintura delgada de Andrómeda. Con cuidado, el cuerpo delicado fue tendido en el amplio sofá, desprendiendo los botones que quedaban en su camisa... dejando al descubierto todo el torso níveo Shun. La tela liviana se deslizó hacia los costados del cuerpo delgado. Hyoga apoyaba su mano sobre el abdomen agitado, y bajo la palma morena, Shun se estremeció por completo. -¿Qué sucede, Shun?.- El Cisne permaneció expectante ante el escalofrío que recorrió aquel cuerpo por completo. -Na-nada... sólo es que tienes las manos frías!.- una sonrisa mansa, pura y totalmente dedicada al par de ojos celestes que no se despegaban de él, mientras se acercaba a sus labios. Hyoga se dejó llevar, arrodillado frente a él a un costado del sofá, saboreando los suaves y deliciosos labios virginales... así como todo el resto de Shun. Y así también va bajando, midiendo beso a beso la extensión de piel blanca. Shun gime tímidamente a cada beso, pero detiene a los labios gruesos... con una sola idea. Se puso de pie, tirando a Hyoga de la mano, acariciando con cuidado la cintura del pantalón de jeans, hasta llegar a la hebilla del cinturón. Desprendiéndolo lentamente, mientras que el rubio besaba apasionadamente, y con todas sus fuerzas, su cuello expuesto. No perdía el tiempo, no dejaba de ayudar a Shun al mismo tiempo que no se privaba de devorar cada pedazo de piel sabrosa que se le presentaba... Terminó él mismo de bajar el jeans, sintiendo ya que la prenda era demasiado ajustada, como para despojarse de ella lo más rápido posible. Con decisión, vuelve hacia Shun, al cual con un fuerte jalón lo acerca, golpeando su pelvis contra la suya. Ambos se unieron en un beso voraz. Hyoga recorría de arriba abajo la espalda de Shun, deteniéndose en el elástico del short... se hace espacio entre la pieza de lycra y el cuerpo, para meter sus manos y bajarlo; para luego volver a su posición inicial mientras sube acariciando las piernas blancas. Shun disfrutaba tanto de las leves caricias, que no esperó a que Hyoga termine de ascender, y a medio camino del ‘cielo’ el Cisne ve como la camisa se desliza de los brazos de Andrómeda, quedando en el suelo... una prenda más, olvidada a su suerte!. Y dos cuerpos que ocupan un lugar sobre la alfombra. El blanco y el dorado bajo el claroscuro del fuego de la chimenea. Hyoga tendido con total expectativa, sostenía sobre su pecho la cabeza de Shun. Buscó su oído para susurrar las palabras que volvieron a ser causantes de un nuevo estremecimiento en Shun. El Cisne sintió la tensión en la piel que tanto se adhería a la suya. No había respuesta alguna, y lentamente dejo corren una caricia por todo el brazo de Shun, hasta llegar a su mano, aferrándola fuertemente. -Vamos... no sucederá nada.- Con suavidad, Hyoga incita cada fibra sensitiva de Andrómeda. -¡Nada malo, al menos!.- Termina, susurrando al fin. Shun tragó saliva, sabia que quería lo que Hyoga le estaba ofreciendo, él al fin de cuentas quería que ocurriera, no por nada habia correspondido a las caricias del Cisne; pero también sentía algo de duda al querer traspasar los limites de algo que tal vez no podría controlar... del cual no podría regresar. Pero por sobre todas las cosas, se negaba a ponerse en una situación tan infantil, algo que podría molestar a su rubio... -Es-esta bien... ¡Confío en ti!.- La voz suave dudó. Lo cual Hyoga pudo notar a través de su mirada, por eso volvió a susurrarle, tranquilamente. -No debes temer... yo voy a cuidarte.- Shun sonrió, más seguro de lo que Hyoga le confesaba, de lo que pasaría.. El Cisne inició los besos, procurando relajamiento y una entrega completa de Andrómeda, intentando dominar su cuerpo con el peso del suyo. El intento de tenderse sobre él fue infructuoso... Hyoga quedó extrañado, Shun lo habia instado a bajar de la posición que tanto le habia costado, al Cisne, ganar. Shun ya no dudaba, pero la seguridad que sentía era muy delicada sintiendo el peso del cuerpo de Hyoga sobre sí, y la única manera en que dejara de sentirse aprehensivo, era que tuviera el --relativo-- control de los movimientos. Se acomodó delicadamente sobre la cintura del cisne, perdiéndose en el cristalino mar celeste. -¿Estarás cómodo así?.- Shun no contestó, bastante le costaba respirar pausadamente, más aún sintiendo el miembro de Hyoga rozar su parte más privada. Se colocó más cómodamente, buscando no apoyar demasiado peso, al principio!. Una última mirada, y una última sonrisa... Hyoga apoyaba sus manos en las caderas de Shun empujándolo suavemente al encuentro de su pelvis. La música ya habia dejado de sonar, el marcado digital parpadeaba en el ultimo tema... pero no habia silencio, los gemidos comenzaron tímidamente, hasta que se volvieron jadeos incontrolables e irretenibles en sus gargantas. Cada movimiento, cada gemido... y hasta cada gota de sudor que se deslizaba pos su cuerpo los excitaba aún más, llevándolos a un clímax inimaginable. Shun cayó exhausto sobre el pecho de Hyoga, mezclando el sudor de ambos cuerpos. Compartiendo el calos y los latidos del otro. Demasiado. Tan simple y tan completo... pero siendo, totalmente demasiado. Luego de unos minutos de intentar normalizar la respiración. Hyoga llama la atención de Shun; con un leve golpecito en su espalda. -Vamos... ¡Ahora es tu turno!.- El líbido se dejó notar en su media sonrisa. Regidamente, Hyoga invirtió las posiciones, donde Shun quedó de espaldas a la alfombra. -... ¿Eh?.- La sonrisa de Hyoga se avivó tanto como el carmín, nuevamente encendido, en las mejillas de Shun. -... Sólo déjate llevar... - Andrómeda asintió, aún sin saber a dónde era que Hyoga quería ir con aquello, pero sentía que para él, nada podía ser mejor... ¿Qué haria su Cisne por él?. Lentamente, el rubio estiró los brazos de Shun, bien por sobre su cabeza, sosteniendo sus muñecas entre una de sus manos. Relamió sus labios antes de posarlos en el pecho blanco, depositando besos y lamidas mientras deslizaba hasta aquel lugar que palpitaba, esperando por aquellas sensaciones nuevas. Por primera vez sentía lo sublime del placer, al principio con delicadeza, en las suaves manos de su amante... luego con toda la sensualidad y voracidad que podía ofrecerle su boca. Gemidos de placer, más y más altos, casi convirtiéndose en gritos. Demasiado, pensó Shun, para su primera vez, demasiadas sensaciones para que todo su cuerpo supiese como reaccionar... ¡Simplemente demasiado!. La boca de Hyoga, su blanco Cisne, lo llevaba al límite... lamiendo aquella parte más sensible de su cuerpo... lentamente, besando y lamiendo. Sorbiendo con sus labios gruesos todo el cuerpo del sexo de Shun, deliberadamente despacio, impartiendo una tortura que Andrómeda no era capas de soportar, no por mucho más tiempo. Terminó completamente agotado, cansado y en absoluta paz... bastaba sólo que abriera sus brazos para que Hyoga anidara en ellos, arrullándose en los latidos de su corazón, que aún intentaba calmarse. -¡Te amo, Shun!.- Los labios de Hyoga se movieron junto al cuello blanco, pero el cansancio ya había tomado a su pequeño partenaire, que con sólo un ultimo haz de conciencia, sonrió a la declaración sincera. Durmieron abrazados, compartiendo calor, sudor y cansancio, además de un placer inimaginable, una felicidad completa y un amor que recién iniciaba... ...Y que repetiría, mientras uno de los dos tuviese ganas, en el resto de la noche. Fin
AngelChan Nota de la Autora: El fic que ahora entrego NO es nuevo, como verán es mi PRIMER fic, aquel al que le tengo tanto cariño como para remasterizarlo y que no se noten tanto los errores de cuando recién empezaba... podría haberlo hecho más simple, y sólo dejarlo en el olvido. Decir que yo JAMAS escribí algo como eso... pero de verdad le tengo un gran afecto a esta primera historia.. Fic Original: Data del 2000 (no me pregunten la fecha- en esa época no la ponía)... Fic remasterizado: Lo comencé el 9 de abril del 2007 y lo termine el 18 de Mayo de 2007
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